La literatura española
(continuación)
El Neoclasicismo
uede considerarse que el periodo
neoclásico en literatura va desde mediados del siglo XVIII hasta bien
entrado el XIX. No produjo una literatura de gran calidad en general
y, en todo caso, no comparable a la del Siglo de Oro ni a la que se
escribiría en el XIX.
A la etapa crítica de la primera parte del
siglo, en la que se intentó fomentar el buen gusto y atacar las
desviaciones y exageraciones posbarrocas, sucede otra de tipo
creativo. Comienzan a publicarse y a estrenarse obras dentro de las
ideas neoclásicas, procedentes del clasicismo francés del siglo XVII
y de las obras teóricas escritas en los últimos cincuenta años. Sin
embargo, lo creativo sufrirá un cierto retroceso: interesa más lo
crítico y lo educativo. Se trata de instruir y educar al hombre a
través de la obra literaria, cualquiera que sea el género y la forma
empleados.
De esta forma, se escribe una poesía en la
que no se expresan los sentimientos, o sólo aparecen de forma muy
suave, con un lenguaje sencillo y poco elaborado, prosaico en muchas
ocasiones (como prosaicos fueron también muchos de los temas
tratados). Una manifestación del carácter didáctico de buena parte
de la poesía neoclásica es el destacado lugar que ocupó la fábula de
tipo moral o literario.
En el teatro, todavía son más claras las
intenciones didácticas de los autores neoclásicos; además de
someterse rígidamente a las unidades dramáticas (acción, lugar,
tiempo), no se mezclan en absoluto los elementos cómicos y los
trágicos. Sin embargo, es en el género dramático donde se consiguen
los principales logros estéticos del neoclasicismo. La novela no es
un género cultivado por los neoclásicos; la prosa se dirige más al
ensayo que a la ficción novelesca.
El Prerromanticismo
Surge a finales del siglo y convive con las
formas neoclásicas. Supuso una primera ruptura de la norma, que
sería total con la libertad del romanticismo del siglo XIX. Se
manifiesta en muchos de los autores considerados neoclásicos, y
procede de algunos autores ingleses y franceses que anuncian el
movimiento romántico.
Lo más destacado de este "avance" romántico
es la recuperación de los sentimientos, ocultos en las obras
neoclásicas, y el abandono de la tranquila y tópica naturaleza que
en ellas aparece en favor de una mayor agitación y movimiento en el
paisaje: no serán ya lugares tranquilos y apacibles el marco
literario.