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Cita para la reflexión: "Cada cual es como Dios le ha hecho, pero llega a ser como él mismo se hace" (Miguel Servet)



Literatura prosista

LA LITERATURA EN EL SIGLO XVII

La prosa no novelesca - 1ª parte

 


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Introducción


 

a prosa "de ideas", cuya finalidad no es la de crear una ficción literaria, sigue durante la primera mitad del siglo las líneas del humanismo renacentista, añadiendo las preocupaciones y las formas propias del Barroco. Pero el empobrecimiento intelectual de la vida española (entre otros motivos, por el aislamiento de España respecto del pensamiento europeo) comienza a notarse hacia mediados del siglo, desaparecidas ya las grandes figuras de Quevedo, Gracián y Saavedra Fajardo, los tres escritores más importantes de este tipo de prosa.

El pensamiento español del siglo XVI había tenido una gran difusión e importancia en Europa. El humanismo renacentista que había alumbrado este pensamiento se continúa en gran medida en la época barroca, pero transformado y aislado casi por completo del mundo europeo. El pensamiento contrarreformista, inicialmente religioso, se traslada a las ideas políticas y encuentra en los políticos e intelectuales españoles sus mejores defensores. Por ello, una gran parte de la prosa no novelesca barroca se dirige a temas de tipo político, moral y religioso. Otras disciplinas que ocuparon el interés de escritores e intelectuales barrocos fueron la filología (con las obras de Covarrubias y Correas, por ejemplo) y la historia.

Importancia tuvo también toda una serie de obras misceláneas, no siempre de gran calidad literaria, y costumbristas, que presentan un cuadro crítico e irónico de la sociedad barroca.

En la prosa no novelesca del siglo XVII destaca la personalidad de tres autores (Quevedo, Gracián y Saavedra Fajardo), tanto por sus valores literarios como por la profundidad e interés de sus ideas.

Principales orientaciones prosistas


En líneas generales y al menos hasta la mitad del siglo, la prosa no novelesca (o "prosa de ideas", como se denomina también a veces) del siglo XVII continúa la orientación humanista del siglo anterior, con matices importantes de diferenciación, pero sin ningún tipo de ruptura. Tanto en los géneros (cartas, epístolas, diálogos) como en las líneas ideológicas (el estoicismo y la tendencia a la sátira), la prosa ensayística y erudita del XVII podría considerarse una segunda etapa de la renacentista. El hombre sigue siendo la preocupación más importante de los escritores, pero el tratamiento de sus problemas, de su inclusión en la realidad contemporánea y de su función en el mundo adoptan un carácter fuertemente satírico.

El costumbrismo y un cierto localismo se observa en buena parte de la prosa barroca, incluida la novelesca. Y junto a otras preocupaciones y temas iniciados en el siglo XVI, cobran especial importancia los que atañen a la realidad sociopolítica, a la moral y a la religión.

Sin embargo, la importancia del pensamiento filosófico y científico del siglo XVI, que fue conocido en Europa y tuvo un influjo bastante grande en el pensamiento de la época, no se continúa: la calidad estética de las obras barrocas no tiene un paralelo en su influencia ideológica fuera de España. El pensamiento contrarreformista cerró las vías de comunicación con Europa; y la vigilancia ideológica de la Inquisición llevó a los intelectuales y eruditos españoles a un desinterés por el avance del pensamiento, y a un encerrarse en sí mismos y en la realidad exclusivamente española. Ello no supone que la minoría culta careciera de conocimientos y de erudición, sino que sus intereses se alejan de un pensamiento europeo más amplio, que aísla a España de las corrientes e inquietudes de otros países.

Para sistematizar el estudio de la prosa no novelesca barroca, parece adecuado agrupar las obras por el "tema" o la disciplina a que puede adscribirse su contenido (filología y crítica literaria, religión y moral, política, historia, etc.) y tratar con algo más de detenimiento las tres figuras destacadas del siglo (Quevedo, Gracián y Saavedra Fajardo), cuyas obras tienen importancia tanto para la historia literaria como para la de las ideas.

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