a tradición alegórica procedente de la Edad Media tiene una
importante continuación en algunas obras narrativas del siglo XVII
que no siempre se consideran novelas propiamente. Es el caso de El
Criticón, de Baltasar Gracián, o Los sueños, de Quevedo.
La primera de estas
obras tiene un desarrollo más novelesco que la segunda; ésta
representa un tipo de obra satírica donde lo importante es la
censura de determinadas formas de comportamiento, personajes,
profesiones y ambientes. Pero el estudio de una y otra podría
hacerse como formas novelescas o no novelescas. El diablo cojuelo,
de Luís Vélez de Guevara es considerada
generalmente una novela picaresca, pero algunos críticos suelen
agruparla con las obras de Gracián y Quevedo, como representante de
una novela que denominan alegórica, de tipo crítico, satírico y
moralizante.
Grabado de el diablo cojuelo (1840)
Baltasar Gracián (1601-1658) publicó en tres partes (1651, 1653 y
1657) El Criticón, una de las más importantes obras del siglo XVII
por su divulgación, su estilo conceptista y por ser la expresión de
muchas de las ideas del desengaño barroco.
La obra narra el viaje de
dos personajes, Andrenio y Critilo, desde la isla de Santa Elena
hasta Roma, pasando por España y Francia. Van en busca de la madre
de Andrenio, que resultará ser la esposa de Critilo y, por tanto,
los dos personajes acaban reconociéndose como padre e hijo. En el
juego simbólico de la novela, Critilo representa al hombre cultivado
y Andrenio al natural, que va aprendiendo durante el viaje por medio
de la sabiduría y de las explicaciones de Critilo.