La prosa no novelesca
a prosa no novelesca, sobre todo la de tipo didáctico-doctrinal,
tuvo un importante desarrollo en este siglo. La obra de Baltasar Gracián, el autor más importante en este género, constituye uno de
los mejores ejemplos de prosa barroca.
La lírica
La poesía lírica está marcada en el siglo XVII por la personalidad
de tres autores (Góngora, Quevedo y Lope de Vega) y por la polémica
entre culteranismo y conceptismo, las dos orientaciones poéticas más
importantes. Pero, a la vez, la actividad poética estaba incluida
también en el género teatral (el teatro se escribía totalmente en
verso), por lo que algunos de los mejores versos barrocos forman
parte de comedias o autos sacramentales de Lope de Vega, Calderón de
la Barca o Tirso de Molina.
Sin embargo, la existencia de estos
grandes poetas no debe hacer olvidar a un gran número de otros
autores barrocos, que participaron de la polémica
culteranismo/conceptismo y escribieron poemas de gran calidad, como
el Conde de Villamediana, los hermanos Bartolomé y Lupercio Leonardo
de Argensola, Pedro de Espinosa, Rodrigo Caro, etc. Igualmente
importante es la obra de Sor Juana Inés de la Cruz, primera
manifestación destacada de la literatura que se hacía en las
colonias españolas de América.
Junto a esta orientación culta de la poesía lírica, en el siglo XVII
se cultiva también una poesía de tipo tradicional y popular, en
muchas ocasiones obra también de los mismos autores cultos. Góngora,
Lope y Quevedo, entre muchos otros, manifestaron su interés por los
romances, las letrillas y las canciones tradicionales y escribieron
abundantes composiciones en esta línea. Los romances, sobre todo,
originaron lo que se conoce como Romancero nuevo: un conjunto de
romances escritos por autores cultos (ya no anónimos, como el
Romancero viejo), que continuaban la tradición del romance
castellano.