finales del siglo XVI, las innovaciones que el Renacimiento había
producido (en temas y formas) están perfectamente asimiladas en la
literatura española. Los escritores empiezan a avanzar hacia nuevas
formas de expresión, puesto que lo que había sido a comienzos del
siglo XVI "revolucionario" en cierta manera ya no se siente como
tal, forma ya parte de una tradición que empieza a estar gastada en
algunos aspectos. Por eso, en muchos sentidos, el renacimiento es la
continuación del barroco: no se produce ruptura entre ambos, sino
que se superan algunas de sus características y se experimenta con
otras.
El Barroco
El término "barroco" comenzó aplicándose a
las artes plásticas con un valor claramente peyorativo. Con él
quería indicarse algo recargado, retorcido y complicado, en
oposición a la sencillez y claridad del arte renacentista. Con este
valor pasó también a la literatura: barroco se opondría en el fondo
y en la forma a renacentista.
Durante mucho tiempo la valoración de la
literatura barroca, incluso de la obra de escritores que hoy se
consideran entre los más importantes de la literatura española, fue
infravalorada, cuando no despreciada, negándosele todo valor
estético o buena parte de él. Pero a partir del Romanticismo (siglo
XIX) y de los poetas del primer tercio del XX, la valoración de la
literatura barroca ha cambiado radicalmente. Hoy se considera una
etapa fundamental de la historia de la Literatura española, segunda
parte del Siglo de Oro de cultura
Los límites cronológicos
Generalmente, por simplificación didáctica,
se considera que el Renacimiento ocupa el siglo XVI y el Barroco el
XVII. Pero los límites no son tan precisos: ni el Renacimiento
comenzó en 1500 ni el Barroco en 1600 exactamente. En el siglo XV ya
existe un prerrenacimiento, y entre 1580 y 1590 puede hablarse de
literatura barroca, puesto que algunos de sus mayores representantes
están activos literariamente (Góngora había nacido en 1561 y Lope en
1562).
En cuanto al final del periodo barroco, suele señalarse la muerte de
Calderón (1681) como el límite de la gran literatura del XVII, pero
sus formas continuaron más allá incluso del final del siglo,
adentrándose bastante en el XVIII (época posbarroca), aunque sin
producir ya ninguna obra comparable, ni siquiera de lejos, a la de
los grandes escritores de comienzos del XVII.