La historia
n el siglo XVI la historia comienza a individualizarse como género específico,
y en gran medida a
desligarse de los elementos religiosos y literarios
que la habían acompañado durante la Edad Media. En cierto modo se produce una
secularización de la historia, intentándose una separación de
las interpretaciones teológicas, e iniciándose una vía más crítica.
El humanismo tuvo una importante influencia en ello, al igual que en toda la literatura
y el pensamiento renacentistas, que sacó a la luz y dio a conocer la obra de los
historiadores clásicos.
No obstante, en este periodo la historia no pierde su carácter didáctico, aspirando a
ser una guía del hombre, una "maestra de la vida". Por tal motivo,
en muchos casos este carácter le confirió un alto valor estilístico,
pues se escribía para educar o
enseñar al lector, y para ello debían utilizarse todos aquellos recursos que la literatura
ponía a su alcance, con objeto de conseguir un estilo preciso y ameno.
El progreso que se siguió hacia la constitución de una ciencia
histórica comienza en el siglo XVI, principalmente a través de la
historiografía relativa al descubrimiento, conquista y colonización
de las tierras americanas. De todas formas, aún no existía en
aquellos momentos una preocupación general por las fuentes
históricas entre los historiadores (los cronistas).
Cabe distinguir en el estudio de las obras históricas de la época,
que además
de las crónicas e historias generales, regionales o particulares,
existieron multitud de relatos, cartas y libros de viajes que aportan
abundantes datos para la historiografía. Muchas de estas fuentes,
además de la información de carácter puramente histórica, tienen
también un gran interés
literario, ejemplo de las obras de Pedro Mejía o Pedro de Medina; en
otras ocasiones tienen matices claramente novelescos; y en otras,
constituyen mordaces y curiosas visiones de la vida de la época, como
sucede con la
Crónica de Francesillo de Zúñiga, un bufón de la corte del
Emperador. En latín también se escribieron y publicaron numerosas
obras históricas.
En los distintos reinos hispanos, los cronistas
oficiales escribieron la historia
de los reinados en que vivieron. Pero quizás lo más importante sea
la obra de los historiadores de Indias, comenzando por el Diario y
las cartas de Cristóbal Colón.

Otros conquistadores y exploradores, como Hernán
Cortés o Álvar Núñez Cabeza de Vaca, escribieron
también sobre sus descubrimientos y conquistas. No
obstante, fueron los frailes que acompañaban a las
expediciones, los que escribieron las
obras más importantes; en este caso cabe citar a Fray Bartolomé de las Casas y su
Brevísima descripción de la destrucción de las Indias (1552), que
causó una dura polémica sobre la licitud o no de la conquista
de América; o
Francisco López de Gómara y su Historia general de las Indias.
También hubo algunos soldados que escribieron obras históricas, como Bernal
Díaz del Castillo con su Verdadera historia de los sucesos de la conquista
de la Nueva España y, naturalmente, los propios cronistas oficiales de
Indias, como Gonzalo Fernández de Oviedo en su Historia general y natural
de las Indias.