l nacimiento y evolución de las literaturas
romances está ligado a los acontecimientos políticos, y por supuesto
a la lengua implicada.
Las literaturas peninsulares más importantes se inician en la
Edad Media, y fueron tres: la galaico-portuguesa, la castellana y la catalana.
Estas tres lenguas recibieron un rico intercambio de influencias durante el
periodo medieval, al convivir durante largo tiempo con las literaturas árabe,
hebrea y latina.
En el "romancero" se agrupa toda la colección de romances, ya
sea en forma de antología, ya agrupados por temas según deriven de uno u otro
cantar de gesta. El "romance de ciego", era un Romance poético sobre un suceso o
historia que cantaban y vendían los ciegos por la calle. El "romance de gesta",
era el que refería hechos de personajes históricos o legendarios; El Romancero
del Cid es uno de los ejemplos más conocidos de cantares de gesta.
Los romances suelen clasificarse en: romances viejos, anónimos y
transmitidos por tradición oral, que incluyen los históricos, los fronterizos,
los moriscos, los caballerescos, los novelescos y los líricos; romances
antiguos, eruditos o cultos, los correspondientes al siglo XVI e inspirados en
crónicas o en los romances viejos; y romances artificiosos o artísticos,
compuestos por los poetas de los siglos XVI y XVII. A ellos pueden añadirse los
romances románticos y los romances contemporáneos, como los de Lorca, Machado,
Alberti, etc.
Los romances se han conservado por tradición oral hasta la
invención de la imprenta, desde 1540 se imprimieron colecciones de ellos. Entre
los más importantes cabe citar: Cancionero de romances (Amberes, siglo XVI);
Romancero general (Madrid, 1600); Rosa de romances, de Juan
Timoneda (1572-73). El siglo XIX marcó un resurgir erudito del romancero:
Romancero general de Durán, publicado en la primera mitad del siglo XIX.
En cuanto a la literatura poética, el término "romance" daba nombre a
una combinación métrica que consta de una serie indefinida de versos,
generalmente. octosílabos, asonantados los pares y sin rima los impares. Su
origen es español; es la forma propia de la poesía narrativa hispana y apta
también para la lírica. Cuando el romance se compone de versos de once sílabas,
se llama "romance heroico"; si son de siete, "endecha" o "romance endecha"; y si
son de seis, "romancillo".
Por extensión, se aplica el nombre de romancero a todo el
conjunto de la literatura poética epico-lírica popular española, nacida de la
tradición de los cantares de gesta y de la leyenda. Esta creación influyó a
partir del romanticismo en las letras hispanas y extranjeras. Ha sido estudiado
por Menéndez Pelayo y Menéndez Pidal.