El mapa político en la Edad Media: Los reinos medievales
n el año 711 el militar beréber Tárik-Ben-Zeyat,
lugarteniente de Muza, gobernador del norte de África, fue enviado
por éste a la península Ibérica capitaneando a siete mil soldados
con la misión de conquistar al-Ándalus. En el mismo año del
desembarco venció al ejército visigodo de don Rodrigo en la batalla de Guadalete.
Los ejércitos de tarik avanzaron en todas direcciones y
conquistaron, entre otras ciudades, Toledo, León y Astorga, y más tarde sitiaron
y tomaron Zaragoza. A pesar de las rivalidades que existieron entre Tarik y Muza,
ambos consiguieron tomar otros territorios y ciudades, como Aragón, Cataluña y
Denia, ciudad ésta que sería sede de un reino taifa.
Al poco tiempo de la invasión de los árabes unos grupos
reducidos de
cristianos, que se refugiaban en las montañas del norte, comenzaban una
serie de luchas contra el poderoso reino musulmán.

Ilustración de Rodrigo y Tarik, de Semblanza
de reyes.
Estas luchas contra la dominación árabe se prolongarían a lo
largo de toda la Edad Media, durante ocho siglos, y tendrían como resultado los
reinos cristianos. Conforme éstos iban ganando territorio a los árabes hacia el sur, se
iba haciendo
una repoblación, lo que implicaba igualmente una reimplantación de la cultura propia
de los habitantes súbditos de los reinos cristianos. Toda la época medieval está
caracterizada por la lucha entre reinos cristianos, y el avance de la
reconquista hacia el sur sobre territorio bajo dominio musulmán.
El mapa político de la península Ibérica en el siglo XV, que en
distintas épocas estaba formado por los reinos o territorios independientes de
Asturias, León, Galicia, Castilla, Portugal, Navarra, Aragón, Cataluña y
Valencia, quedó reducido finalmente a Portugal, Navarra, Castilla y Aragón,
junto al reino árabe de Granada.
Como veremos en los siguientes apartados, el panorama político y
los cambios introducidos, sea por movimiento de fronteras, desplazamiento de
población o repoblación durante la reconquista, tendrán una influencia notable
en la formación de las lenguas romances y la producción de su literatura, aunque
unas más que otras. Algunas lenguas se asentarán y evolucionarán, y otras
desaparecerán. El castellano será la lengua que se imponga en amplitud
geográfica, número de hablantes y capacidad de difusión de la cultura.