 |
Literatura poética
LA POESÍA EN EL SIGLO XVIII
Introducción |
l siglo XVIII comienza manteniendo los estilos de la poesía
barroca, cuyos modelos son, sobre todo, Góngora y Calderón. la escuela andaluza
aporta la mayoría de los poetas continuadores de Góngora, tomando del poeta
culterano los elementos más llamativos y superficiales, tales como la metáfora y
la alteración de la frase. Varios poetas escogen Las Soledades de Góngora
como obra modelo para su continuación, en un periodo donde la imitación es
considerada un valor de calidad poética. También la idea de escribir una poesía
minoritaria, para cultos, procede de Góngora.
|
 |
| Gregorio Mayáns, uno
de los críticos con las derivaciones de la poesía posbarroca |
La reacción contra esta poesía, y también la barroca, constituyó
el punto de partida de las formas neoclásicas. Algunos representantes del
espíritu crítico del siglo XVIII, como el erudito Gregorio Mayáns y Siscar
(1699-1781) o el preceptista Ignacio Luzán (1699-1781), censuraron las derivaciones
posbarrocas, tomando como apoyo, entre otras cosas, la crítica que los
ilustrados europeos hacían de la "oscuridad" de la poesía española y el abuso de
las metáforas. Según Ignacio Luzán en su poética,
la utilidad de la poesía se presenta como su principal finalidad, como un
"aprovechar deleitando".
El neoclasicismo triunfó a mediados del siglo XVIII y sus formas
poéticas se prolongarían al menos hasta la tercera parte del siglo XIX, sin
embargo, los temas se mezclaron pronto con elementos prerrománicos. Se produce
una poesía en general muy fría, con ausencia de los sentimientos individuales
del poeta, y donde imperan dos temas:
-
Los intrascendentes: basados en
la poesía anacreóntica, es decir, la de gusto por los placeres sencillos y
delicados, los del amor suave tipo pastoril, la buena mesa, el vino, la
placidez del campo, etc.
-
Los elevados: basados en la razón, la ciencia, la moral...,
pero tratados habitualmente de forma superficial.
Pronto, sin embargo, aparecerían algunos elementos
autobiográficos que vendría a romper esa frialdad neoclásica de la poesía,
manifestándose con mayor emoción e incluso con alguna pasión; es el caso de
Moratín padre, García de la Huerta o Cadalso, en los cuales se aprecia ya una
mayor presencia de los sentimientos. Esta tendencia sería potenciada por la
siguiente generación de poetas, como Quintana, Lista o Cienfuegos.
El prerromanticismo se aprecia ya en los propios poetas
neoclásicos en la última parte del siglo XVIII. Aunque las formas poéticas
siguen siendo las clásicas, el tratamiento de los temas ya no lo es. Las dos líneas (neoclasicismo y
prerromanticismo) convivirán mezcladas hasta que triunfe el romántico, hacia
1835.
|