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Cita para la reflexión: "Más provecho hace el pan a secas en el propio hogar que el acompañado con abundantes viandas en mesa ajena" (Pietro Aretino)



Lengua

LINGÜÍSTICA

Variedades lingüísticas - 1ª parte

 


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Introducción


 

inguna comunidad lingüística posee o utiliza la lengua de forma homogénea. La estratificación social y cultural, y la diversidad de usos de que la lengua es susceptible en cada situación, determinan dos variedades lingüísticas: las diastráticas o "dialectos sociales", y las diafásicas o registros.

La Lingüística moderna, cuyo punto de arranque es el Curso de lingüística general (1916) de Ferdinand de Saussure, se centra en el estudio de la lengua, entendiendo por tal lo social, virtual y abstracto del lenguaje; el habla (lo concreto, real e individual) resulta excluida por ser irrelevante en cuanto difícilmente reductible a categorías. Emisor y receptor de la comunicación lingüística fueron así entendidos, en cierto modo, como papeles abstractos, quedando al margen las circunstancias personales, históricas, geográficas y sociales en que se comunicaban. La lengua en cuanto sistema o estructura quedaba privilegiada sobre la lengua en cuanto instrumento susceptible de muy variadas finalidades, utilizable en muy diversas situaciones.

Pero ninguna comunidad lingüística posee o utiliza la lengua de un modo totalmente homogéneo: las diferencias regionales, de hábitat, de clase social y de instrucción, de profesión u ocupación, de edad y de sexo, así como la pertenencia a grupos específicos, determinan la coexistencia, en un sistema lingüístico, de variedades de muy diverso tipo.

Al tiempo, un hablante cualquiera es, en cierto sentido, muchos hablantes: capaz de expresarse como quienes viven en su pueblo, en su barrio o en su región; como quienes tienen su edad o su oficio, como quienes pertenecen a los distintos grupos a que él pertenece, y capaz, bajo ciertas circunstancias y en ocasiones, de hablar de un modo bastante diferente a todos ellos.

Razones históricas, geográficas y sociales determinan, pues, la existencia de las variedades lingüísticas. Los cambios sufridos por un sistema lingüístico con el paso del tiempo, su fragmentación en el espacio geográfico y la diversidad de toda formación social originan, dentro de una misma lengua, tales variedades: históricas o diacrónicas, geográficas o diatópicas, sociales o diastráticas. Así, en el castellano, la lengua medieval y la clásica viven en la memoria escrita de la lengua (los textos) junto al castellano actual; el leonés y el aragonés, los dialectos meridionales y el castellano de América, las numerosas hablas regionales y locales, que el simple desplazamiento geográfico permite comprobar a cualquier castellanohablante; en fin, la lengua vulgar y la culta, la coloquial y la formal, los lenguajes específicos y las jergas...

Naturalmente, esas variedades lo son de un sistema común: un español anónimo del siglo XVI hablaba, en lo esencial, la misma lengua que habla uno del XX; los castellanos, la misma que los andaluces, y los trabajadores del campo, la misma que las clases medias urbanas. Por encima de todas las divergencias, que a veces pueden ser muy grandes, comparten un código común: la lengua (concepto que, como se ha indicado, se opone al de habla) o, más bien, una determinada consolidación de ella, una variedad más, pero de excepcional importancia, que es la lengua estándar.

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