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Historia y Arte
EL SIGLO XX
Introducción -
4ª parte |
El mundo de los grandes bloques (continuación)
aralelamente a la creación de las grandes
organizaciones internacionales políticas y militares, fueron surgiendo las primeras organizaciones de carácter
económico, impulsadas, sobre todo, por los países europeos que veían peligrar
sus economías ante el creciente poder de las superpotencias.
Japón, apoyándose
en las nuevas tecnologías comenzó a desarrollar una poderosa industria que le
llevaría a ocupar un puesto importante en la economía mundial. China, con su
descomunal potencial humano, empezó a representar un papel considerable en la
escena política mundial.
Muchos de los países menos desarrollados, conscientes de que no tenían por
qué ser el escenario de los conflictos de intereses de las grandes potencias,
optaron por no pertenecer a ninguno de los dos bloques, formando el suyo propio
como países no alineados. En definitiva, el temor ante una catástrofe bélica de
índole nuclear hizo surgir, hacia los años 60, corrientes de opinión contrarias
a la tensión de la guerra fría y a la carrera armamentista.
El camino hacia la actualidad
El desgaste económico e ideológico del enfrentamiento entre el bloque
capitalista y el socialista llevó en las últimas décadas del siglo XX a las dos
superpotencias, los Estados Unidos y la URSS, a reconsiderar sus posturas, y de
la vieja tendencia armamentista se pasó a las conferencias de paz que buscan el
desarme. Gran parte de los conflictos bilaterales se desvanecieron con la caída
del Muro de Berlín, que dejó una URSS desmembrada, y con las antiguos países de
su órbita independizados o convertidos en federaciones. La OTAN pasó incluso a
acoger a varios de esos países pertenecientes al antiguo Pacto de Varsovia,
siempre con el malestar de Rusia, que intentó asumir el papel protector de la antigua URSS,
pero ya muy mermada en cuanto al poder político y militar de antaño.
Los nuevos tiempos ya no ofrecían un poder centralizado en tan sólo dos
potencias, sino que se diluyó en un mundo en el que cada día son más los países
interesados en participar en el diseño del futuro. El mundo actual sigue
ofreciendo, no obstante, un panorama poco alentador en el que aún son muchas las
zonas con conflictos armados o situaciones de grave tensión provocadas por los
más variados intereses; un panorama en el que aparecen, junto a países de gran
desarrollo tecnológico y alto nivel de vida, otros que sumidos en la miseria no
han superado la etapa neolítica; un mundo, en definitiva, en el que los
problemas de la desigualdad, la superpoblación, el equilibrio ecológico, la
contaminación o el riesgo de la destrucción total parecen conducir a la
humanidad a concebir el mundo como una realidad global que precisa de la
cooperación como fórmula para solucionar los nuevos problemas.
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