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Historia y Arte
EL SIGLO XIX
Manifestaciones
artísticas -
6ª parte |
El Impresionismo y el Postimpresionismo
a llegada del Impresionismo supuso la culminación de
un espíritu de ruptura que había venido gestándose desde 1830 con la aparición
del Romanticismo. Ahora bien, aunque se quiera considerar al Romanticismo como
una ruptura formal y temática con respecto al Neoclasicismo y del Realismo pueda
decirse otro tanto con respecto al Romanticismo, ni uno ni otro estilo dejaron
de ser deudores del pasado; Miguel Ángel, Rafael, Leonardo, Velázquez, Rubens y
aun el mismo Goya seguían estando presentes en las obras de Gericault y
Delacroix o en las de Courbet y Millet.
Mientras tanto, el siglo XIX ponía fin al Antiguo
Régimen e inauguraba una nueva era con la revolución industrial; las ciudades
crecían y en ellas se imponían nuevos grupos sociales; las formas de vida
cambiaban y los adelantos técnicos aplicados a la vida cotidiana transformaban
las mentalidades; el ritmo del progreso, capaz de cambiarlo todo, alejaba, cada
vez más, al siglo XIX del pasado.
En ese ambiente la ruptura artística tenía que
producirse inevitablemente y se produjo con el Impresionismo, cuya aparición
definitiva llegó tras el fracaso en 1871 de la Comuna de París, como si hubiera
sido preciso eliminar antes todo sueño revolucionario que justificara el
Realismo y toda vinculación con el ya histórico año de 1789. La coincidencia no
fue casual, 1871 fue un año en el que todo pareció ser el comienzo de una nueva
era: Alemania e Italia lograban su unificación, España estrenaba monarca con
Amadeo de Saboya, Gran Bretaña reconocía las Trade Union y el progreso continuo
era el símbolo de los tiempos. Así, el Impresionismo apareció como un arte
nuevo, deseoso de captar lo efímero de un momento de luz, la impresión de un
estado de la atmósfera, un reflejo que dura un instante, es decir, no una manera
de estar en la naturaleza, sino un ocurrir de la misma.
Surgió también el Impresionismo como un arte ciudadano
que recoge el paisaje y las gentes urbanas en su constante trajín cambiante. Por
todo ello, la técnica impresionista será la pincelada suelta y el dibujo rápido
carente de perfiles definidos. Con esa manera de hacer se pretenderá, sobre la
tela, disociar el color y la forma para que sea el aire (espacio) que media
entre el espectador y el cuadro, y en el cuadro mismo, el que realice la fusión
cromática que le dará corporeidad a lo representado. Entendido desde este punto
de vista, el Impresionismo es, pues, un análisis de la realidad. En este
sentido, el término "impresionismo" hace referencia, también, al modo de actuar
en la retina del espectador el cuadro, del que debe obtenerse esa impresión
representativa.
Debe señalarse, por último, que el Impresionismo estuvo
fuertemente marcado por la divulgación de la fotografía como instantánea que
capta la realidad y por el conocimiento en Europa del arte japonés, cuya
estética, radicalmente distinta de la occidental, ayudó a los impresionistas a
encontrar su nuevo camino. La nueva corriente artística tuvo sus precedentes,
que se encargaron de ir descubriendo los pequeños logros plásticos que
conducirían a la imposición definitiva del estilo.
Remontándonos en la historia de la pintura es fácil
encontrar que casi todos los grandes maestros, desde el Barroco, terminaron sus
carreras tendiendo hacia la pincelada suelta como muestra de dominio de su
técnica, pero eso no debe interpretarse como un descubrimiento netamente
impresionista, ya que carece de las intenciones y de los intereses que
caracterizaron a la pintura más moderna de finales del siglo XIX.
En este sentido debe resaltarse la clara conciencia de
grupo diferenciado que los pintores impresionistas tuvieron de sí mismos. Su
nueva forma de pintar no resultó fácilmente aceptada, pero la fe en lo que
hacían fue grande y la pintura del siglo XX terminaría reconociendo la deuda que
tenía con estos innovadores.
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