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Historia y Arte
EL SIGLO XIX
Economía y sociedad -
13ª parte |
La sociedad de clases: burguesía y proletariado
(continuación)
El proletariado
or lo que respecta al proletariado, su nacimiento también estuvo vinculado al
marco urbano, ya que allí fueron a parar los desheredados por la
industrialización y el maquinismo.
Las nuevas técnicas dejaron sin trabajo a la mayor parte del artesanado y la
mecanización y racionalización de las tareas del campo eliminaron gran parte de
la mano de obra agropecuaria que no tuvo más salida que la de incorporarse a las
ciudades como obreros industriales. Así, el término proletariado vino a definir,
en el sistema capitalista, a aquellos que, careciendo de bienes, se vieron
obligados a vender su capacidad de trabajo a cambio de un salario.
La propia concepción que el capitalismo liberal tuvo del trabajo asalariado hizo
del proletariado una clase social de desposeídos que difícilmente podían salir
de una situación lamentable en todos los aspectos. Los obreros industriales se
vieron sujetos a un régimen de salarios bajos fomentados por la aparición de
máquinas y por el constante crecimiento de la población, lo que hacía aumentar
la mano de obra disponible.
La ideología burguesa consideró al proletariado carente de valores morales, y
prefirió entender que, para la nueva clase, la posesión de riquezas sólo
serviría para fomentar el vicio entre sus miembros; por ello el trabajo
constante y la miseria, como incentivo para trabajar, debían ser sus condiciones
de vida. Este punto de vista que nunca llegó a ocultar por completo el deseo
enriquecedor de la burguesía a costa del proletariado, hizo que los salarios
fueran ínfimos entre 1815 y 1870, época en la que incluso llegaron a bajar.

Foto de una serie de Lewis W., que
muestra a unos niños trabajando en una mina de carbón de Pennsylvania
recién comenzado el siglo XX, y que da una idea de cómo pudieron ser las
condiciones de vida del proletariado en el siglo XIX
A partir de 1870, cuando ya el proletariado había tomado conciencia de clase y
adoptado posturas de lucha sindical y política, el régimen de salarios comenzó a
mejorar y, como consecuencia, también mejoraron las condiciones de vida de la
clase social obrera.
Tomando como punto de partida estas circunstancias de ideología económica,
mentalidad y nivel salarial, se pueden establecer como principales problemas del
proletariado, a lo largo del siglo, los siguientes:
-- Régimen de trabajo duro, carente de seguros, con fuertes multas para los
obreros y deshumanizado (trabajo en serie).
-- Largas jornadas laborales; de 70 a 80 horas semanales hasta mediados de siglo
y de 50 a 60 horas después.
-- Sobreexplotación de mujeres y niños como mano de obra, tanto por las
necesidades económicas de las familias, como por el interés de los patronos en
tener unos obreros más dóciles y baratos que los hombres adultos.
-- Malos alojamientos; primero los sótanos y los desvanes del centro de la
ciudad y después el suburbio miserable.
-- Mala alimentación por falta de educación y, sobre todo, de recursos.
-- Malas condiciones sanitarias y de higiene, tanto en las fábricas (polvo de
minas e industrias textiles) como en las viviendas suburbiales (falta de agua
corriente, saneamientos, etc.).
El resultado fue una clase social sometida a un modo de vida miserable, con
horarios agotadores, poco descanso, monotonía en el trabajo, viviendas
deshumanizadas y sobre todo carente de esperanzas de mejora.
Ante estas circunstancias no resulta extraño que las primeras manifestaciones
del proletariado adoptaran la fórmula violenta de las destrucciones de máquinas
o de manifestaciones próximas a la revuelta popular; y que una vez que tomó
conciencia de clase terminara derivando en posturas políticas de carácter
revolucionario.
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