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Historia y Arte
LA EUROPA DEL RENACIMIENTO
Mentalidad y
pensamiento - 5ª parte |
La Reforma Católica
a creciente influencia del protestantismo condujo al Papado a adoptar
ciertas medidas con la intención de frenar la influencia de las nuevas sectas.
Se restauró así la Inquisición y se creó el "Índice" (lista de escritos
contrarios a la fe católica), pero el carácter represor de estas instituciones
no hizo más que reafirmar el cisma.
Poco tiempo después y con la pretensión de reunificar
la Iglesia, al tiempo que se realizaba la reforma desde los criterios de Roma,
se convocó el Concilio de Trento (1545-1563), cuyo significado último no fue
otro que el reconocimiento de la evidente separación de los cristianos en dos
iglesias, la Protestante, no sujeta a la autoridad del papa, y la Católica.

Una de las sesiones del Concilio de
Trento, donde quedó definida la reforma católica o Contrarreforma
El Concilio de Trento se produjo demasiado tarde. Desde
que Lutero había criticado la venta de indulgencias hasta la convocatoria
conciliar, habían transcurrido más de veinticinco años, y en ese tiempo, el
protestantismo ya se había definido, no sólo como una doctrina diferente, sino
también como una forma distinta de entender la vida y los problemas de su época.
Así pues, el valor del Concilio de Trento hay que
buscarlo en lo que significó como reforma católica (Contrarreforma). Ante las
muchas manifestaciones en materia de dogma hechas por los protestantes, Roma
definió su doctrina, señaló el texto oficial de la Biblia, redactó un catecismo,
organizó la formación de los sacerdotes (creación de seminarios), reorganizó su
clero y marcó las pautas de la disciplina eclesiástica.
El poder de los papas resultó fortalecido y apoyado por
la recién creada Compañía de Jesús (Jesuitas). Y a nivel popular, del espíritu
de Trento surgió una tendencia al misticismo que pretendió adaptar y
contrarrestar el humanismo que había favorecido la Reforma Protestante. El
misticismo significaba una relación individual y directa con Dios, pero no para
adoptar posturas críticas sino para, a través del amor, alcanzar la santidad
divina. Ahora bien, el temor a que ese contacto individual con dios pudiera
significar una nueva interpretación religiosa, hizo que la Inquisición llevara a
más de un místico iluminado ante sus tribunales. Ello demostraba que la Iglesia
de Roma prefería seguir siendo el intermediario entre Dios y su feligresía,
puesto que ese papel era el que le confería su poder.
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