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Historia y Arte
LA EUROPA DE LA ILUSTRACIÓN
Mentalidad y
pensamiento - 8ª parte |
La filosofía: el empirismo inglés y Kant (continuación)
Kant. El idealismo filosófico (continuación)
ara Kant, lo importante era descubrir si
resultaba posible un conocimiento metafísico, de características similares a las
del conocimiento científico, que permitiera establecer verdades indiscutibles
metafísicas (es decir, una demostración científica de la existencia de Dios, del
alma, etc.).
Kant pasó entonces a analizar el conocimiento
científico para, conocido éste, saber si la metafísica podía sujetarse a ese
tipo de conocimiento. El análisis de Kant fue largo, minucioso y clarificador de
muchos aspectos del conocimiento científico, pero básicamente vino a concluir
que, en el conocimiento podía distinguirse entre:
percibir -- lo hace la
sensibilidad
comprender -- lo hace el entendimiento
No obstante, para comprender, el entendimiento se vale
de conceptos que pueden ser
- conceptos empíricos a
posteriori (por proceder de la experiencia)
- conceptos puros o
categorías a priori (por proceder del propio entendimiento)
A los Conceptos Puros o Categorías, espontáneos del
entendimiento, Kant los denominó Trascendentales, por no proceder de la
experiencia. Estas categorías eran, según Kant, doce (las dedujo de los tipos de
juicios que señala la Lógica) y resultaban imprescindibles para que el
entendimiento analizara y comprendiera los conceptos empíricos a posteriori. Las
Categorías eran:
- unidad, pluralidad y
totalidad (señalaban la cantidad);
- realidad, negación y
limitación (señalaban la cualidad);
- sustancia, causa y
coexistencia (señalaban la relación); y
- posibilidad, existencia y
necesidad (señalaban la modalidad).
Pero, estas Categorías sólo eran aplicables a los
conceptos empíricos proporcionados por la experiencia, por los que carecían de
utilidad sin los datos procedentes del conocimiento sensible. Pero, como el
conocimiento sensible no es más que un conocimiento incompleto, Kant dedujo que
las Categorías no eran más que posibilidades de lo experimentado (de lo
semiconocido por los sentidos), pero no propiedades o características reales de
las cosas en si mismas. Kant hubo de distinguir, entonces, entre lo que
conocemos (fenómeno) y las cosas en sí mismas (noumenos).
El fenómeno es, pues, lo que se nos muestra y el
noumeno lo que no se nos muestra. Pero, si sabemos que hay algo que no se nos
muestra, es porque pensamos ese algo, porque tenemos una idea de eso que no
alcanzamos a conocer; esas ideas son, para Kant, las Ideas Trascendentales.
De todo ello se deducía que no era posible una ciencia
metafísica, ya que su materia de estudio no se puede conocer ni por los sentidos
ni por las Categorías Trascendentales del entendimiento, que sólo son aplicables
a los datos que ofrece el conocimiento sensible. Ahora bien, eso no niega, para
Kant, que las Ideas Trascendentales que la razón elabora tiendan hacia la
metafísica como ideal de la propia razón.
A la pregunta ¿qué debo hacer?, Kant respondió con otra
obra: Crítica de la razón práctica (práctica porque es la razón moral por la que
el hombre debe guiarse). En ella, los planteamientos fueron también muy
originales, ya que Kant estableció una ética en la que no se decía qué puede y
qué no puede hacerse, sino que le limitaba a decir cuál debe ser el modelo de
actuación, partiendo de la afirmación de que un comportamiento es moral cuando
se actúa por deber y que ese deber no es más que la conformidad con una máxima
moral que Kant definió como un Imperativo Categórico. Esa máxima, simplemente
decía: "obra de tal modo que puedas querer que ese modo de actuar se convierta
en una ley universal", o, lo que es lo mismo: obra con los demás como desearías
que obraran contigo.
A la tercera pregunta, ¿qué puedo esperar?, Kant dio
como respuesta la historia y la religión, entendiendo la primera como un proceso
lento, pero progresivo, de la Humanidad (y, por tanto, muy unido al Imperativo
Categórico de su ética) y, entendiendo la religión como camino proporcionador de
virtud y felicidad.
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