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Historia y Arte
EL IMPERIO BIZANTINO
Manifestaciones
artísticas -
3ª parte |
Las artes figurativas. El mosaico
n la concepción arquitectónica bizantina siempre fueron mucho más
importantes los interiores que los exteriores. Por ello y bajo la influencia
oriental, la decoración interior de las iglesias es tal que, a veces, resulta
difícil encontrar un muro carente de ornamentación.
Ahora bien, esa riqueza
decorativa nunca fue arbitraria, sino que siempre estuvo sujeta a un programa
iconográfico riguroso, en el que se distinguían diferentes zonas,
correspondiéndole a cada una de ellas una temática propia. Así, el centro de
máximo interés era la cúpula o la media cúpula del ábside y por ello allí se
representaba la figura de Cristo Pantocrátor (todopoderoso) rodeado de ángeles o
de profetas.
Con frecuencia el color utilizado como fondo en estas
zonas dedicadas a lo divino y lo celeste, fue el oro, ya que la importancia de
las figuras de Cristo, la Virgen o los Santos debían tratarse con el máximo lujo
por razones puramente místicas. De igual modo, el tamaño de las figuras
correspondía a criterios jerárquicos, es decir, se representaba con mayores
dimensiones a las figuras más importantes (perspectiva jerárquica).
De las artes figurativas bizantinas, el mosaico fue la
técnica que alcanzó más brillantez y originalidad. El mosaico bizantino, a
diferencia del romano que era de pavimento, fue casi exclusivamente mural y
apenas sufrió variaciones técnicas o estéticas a lo largo del tiempo. El uso de
pasta vítrea en forma de teselas, junto a todo tipo de mármoles y piedras, hizo
de los mosaicos bizantinos obras de una gran variedad cromática.
La querella de los iconoclastas hizo que se destruyeran
muchos de los mosaicos de las tierras del Imperio, por ello, las mejores
muestras de los mosaicos de la Primera Edad de Oro se encuentran en Italia y
especialmente en las iglesias de San Vital y San Apolinar de Rávena. De la
Segunda Edad son buenas muestras los de San Marcos de Venecia y los de varias
iglesias del sur de Italia y Sicilia (Palermo y Cefalú). Por lo que respecta a
Constantinopla se conservan en Santa Sofía los mosaicos realizados tras la
restauración de las imágenes.

Mosaico de la catedral de Cefalú
Durante la Tercera Edad de Oro, los mosaicos comenzaron
a ser sustituidos por pinturas murales que se acogieron a la misma temática y al
mismo programa iconográfico del mosaico. En este mismo periodo se desarrolló,
también, la pintura sobre tabla que generó los llamados iconos, cuyos modelos
quedarían pronto fijados para repetirse, durante siglos, sin variaciones. Sus
características más comunes son: representación de figuras de medio cuerpo
(Cristo, la Virgen o Santos), fondos dorados o plateados (a veces en metal) y
rostros y manos estilizados.
La escultura fue una manifestación artística de poco
éxito en Bizancio. Las mejores muestras son trabajos en relieve sobre marfil,
que, con frecuencia, decoran pequeños objetos como cubiertas de libros, arquetas
o muebles.
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