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Historia y Arte
LA ALTA EDAD MEDIA
Mentalidad y
pensamiento -
5ª parte |
La cultura en la Alta Edad Media (continuación)
a actividad de copia que permitió la nueva escritura supuso un constante trasiego de libros entre las
bibliotecas de los monasterios. Allí, los monjes disponían de unas salas de
trabajo, scriptorium (escritorios), en las que reproducían los libros prestados
por otros conventos.
Esta lenta y costosa tarea (el pergamino era un producto
caro) aseguró la pervivencia de gran parte del saber clásico, al multiplicarse
el número de ejemplares en los que se contenía. Algunos abades, por otro lado,
dedicaron su tiempo a comparar manuscritos con la intención de realizar las más
fieles reproducciones e impedir así que nada se perdiera.

Manuscrito medieval
La mayor parte de las obras en las que trabajaron los monjes fueron obras
religiosas, pero esa actividad copiadora no renunció a rescatar cuanto libro
llegaba a su monasterio, con independencia de la temática de que tratara. Dado
que el pensamiento cristiano estaba fuertemente influenciado por el platonismo,
el interés por la filosofía griega fue grande y eso supuso recuperar
prácticamente todo el saber de la antigüedad, ya que en esa época apenas había
distinción entre filosofía y ciencia. Esta tarea recopiladora y recuperadora
culminó en el siglo XI con la llegada, a través del mundo árabe, de numerosos
textos de la antigüedad que pronto fueron traducidos por los clérigos europeos.
La filosofía en la Alta Edad Media
Por lo que respecta al pensamiento original de la época, la figura más
destacada fue Juan Escoto Erígena. Este teólogo, probablemente irlandés, que
dirigió la escuela palatina de Carlos el Calvo (uno de los nietos de Carlomagno)
a mediados del siglo IX, fue un activo traductor de teólogos cristianos griegos
y un pensador de tendencia neoplatónica de cuya obra se desprenden ciertas
posturas panteístas como la de entender a Dios como una representación del
universo. En sus planteamientos filosóficos identificaba la razón y la fe, al
considerar que ambas procedían del mismo principio.
Esa consideración de la razón y la fe como dos principios de conocimiento que
van unidos procedía del pensamiento de San Agustín, que fue la ideología
teológico-filosófica predominante a lo largo de toda la Alta Edad Media. El
pensamiento agustiniano fue particularmente importante para el proceso de
prestigio y de afianzamiento del poder de la Iglesia, ya que a partir de la
teoría de las "dos ciudades" se dedujo que la Iglesia debía ejercer su autoridad
por encima del poder político (los papas investían a los emperadores como tales)
y, por supuesto, los papas no tenían que sujetarse a ningún poder terrenal.
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