¿Por qué el odio del gobierno cubano a los Estados Unidos?

Hoy traigo una pregunta, y quizá la respuesta

Por Joaquín Moré

¿Por qué el odio del gobierno cubano a los Estados Unidos?

Aunque el gallardo general Antonio Maceo una vez dijera que era preferible subir y descender sin  ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso, no dejó en su legado espacio para pensar que fuera un sistema decadente, pues bien lo catalogó de “vecino” y “poderoso”.

Donde más años vivió José Martí fuera de su tierra natal fue precisamente en los Estados Unidos. De ahí salió la paradójica frase “viví en el monstruo y conocí sus entrañas”, aunque  a continuación  agregara “y a pesar de todo, se respiran aires de libertad”.

El odio irracional hacia los Estados Unidos tuvo cobijo en un corazón europeo como el del progenitor de Fidel Castro, español y resentido por la derrota de su país ante el empuje de las tropas mambisas y el peso decisivo de las tropas y marina norteamericanas.

Como sabemos, el padre de Castro fue un hacendado obsesionado por los litigios por expandir los límites de sus tierras en Birán, en polémica legal con las Sugar Company y Fruit Company. Su hogar fue uno donde una familia creció con el antinorteamericanismo como permanente tema de sobremesa, de ahí esa inclinación por la abogacía de Fidel Castro, el probable fruto emponzoñado de un prematuro pensamiento en defensa del patrimonio paterno.

Las circunstancias le llevaron al poder, y entonces se le abrió al entendimiento una visión de la existencia mucho más allá de los límites de una hacienda y de un país, llevando enriquecidos aires “antimperialistas” a América Latina y buena parte del resto del mundo.

Esto trajo en la población cubana el envenenamiento del odio hacia los Estados Unidos, el que fuera sustentado con acciones desestabilizadoras y propaganda contra un sistema democrático, tanto por el gobierno de la isla, como por el pueblo cubano y otros pueblos….

En franca rivalidad política, ese resentimiento se insertó en el arte, la literatura, el deporte…Sin embargo, decenas de miles de cubanos alivian sus vidas con las remesas enviadas por sus familiares desde ese vituperado Norte. ¿No resulta paradójico?

¿Será que estamos ante un caso de “nortifobia”, que sólo tendrá fin cuando nuestros pueblos se fundan en estrechas relaciones amistosas? ¿Será quizá como lo  expuesto por Martí: “Los pueblos que no se conozcan, dense prisa en conocerse”?

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